Bienvenido a la vida obrera

– Arturo Carrasco

 

Bienvenido a la Vida obrera…

Donde tu vida se divide en segmentos de 8 horas, 2 semanas y ciclos de 6.
En un buen escenario ganas lo suficiente para mantener a tu familia…
Si tan solo tu familia fueras tú solo.
Prívate de los gustos costosos, de la ropa de marca, de comer en restaurantes, de salir a pasear con la familia, los amigos.

Bienvenido al mundo de la mediocridad, con sus respectivas excepciones, por supuesto.
Donde quedarte a un tiempo extra te hace ver como un lambiscón necesitado, un jodido, con la ironía de que a pesar de eso ganarás más dinero.
Bienvenido al mundo de la crítica, del chisme, el rumor y la calumnia.
Al supuro de infidelidades, donde las parejas vienen a compartirse, a darse la espalda y donde, cobardemente, hombres y mujeres fornican a escondidas entre las sombras.
Se besan y rozan a espaldas del amor jurado a la persona que aguarda en casa.

Bienvenido a la clase obrera, donde el albur, el sexo y las bebida son el pan de cada día, aquellos placeres mundanos en los que solamente los proletarios vemos una escapada a nuestra miseria…
Miseria material.
Miseria construida socialmente.
Miseria que aquellos ignoran.
Miseria escondida entre fiestas patronales, compadrazgos y tradiciones populares.
Entre caguamas en la banqueta, cigarrillos baratos y aguardientes inhumanos.
Miseria disfrazada de estabilidad.
La única estabilidad que existe es la de la mierda que a nuestro al rededor emana.

Bienvenido a la clase obrera.
Donde la recompensa por tu lealtad se ve pagada en bonos chiquititos y una vana promesa de “crecimiento a corto plazo”.
Lealtad profana.
Lealtad sucia.
Lealtad prostituta.
Prostituida al igual que tu honor, que tu cuerpo, que tu débil e inculta mente.
Igual que tú.
Tú, compañero proletario que probablemente nunca escuches esto.
Que nunca lees.
¿Para qué?
Noooo. Leer es para los ricos, tú chíngale.
No te andes con esas pendejadas que nada más te quitan el tiempo.
Ándate mejor a leer la biblia que primero Dios mañana es domingo y toca ir a misa.
Gracias a Dios por mi trabajo.
Gracias a Dios que hay de comer, aunque sea frijoles, pero hay.
Gracias a Dios por mi vida.
Gracias a Dios por nuestra miseria.
Gracias a Dios por no dejarnos verla.

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