Rabo de mestiza

 – Miriam Ramírez González

Llegué como siempre, cuatro y media de la tarde dispuesta a atragantarme  de lo que hubiera en las cacerolas; de pronto, mi madre frente a la estufa, me mira fuerte, con esos ojos verdes obscuros. “En 10 minutos esta lista la comida”, grita desde la cocina. ¡No, por Dios! Tengo el impulso de salir corriendo al Oxxo por unos hot dog que parecen plástico…

Hay un aroma peculiar en la casa: Pápalo, esas hojas grandes que aparecen en las cemitas poblanas, no a todos les gusta, pero el aroma hace que identifique perfectamente las ramas, grandes hojas, un tallo no muy grueso, verdes. No verde claro, ni muy obscuro, tampoco bandera, es un verde vivo, un verde comestible.

Ingredientes:

2 cdas. de manteca

½  kg de jitomate

1 pza. De cebolla

½ kg de chile jalapeño

½ khuevo

Pápalo al gusto

Preparación:

Cortar el jitomate, la cebolla y los jalapeños en julianas, colocar en la cacerola la manteca y sofreír cebolla, agregar el jalapeño con todo y venas y por último  el jitomate, ya que todo está cocido y el jitomate casi hecho pure se agrega el huevo y el pápalo para darle ‘el toque mágico’, dice mi madre, y yo solo pienso de dónde salió esta receta, me atrevo a preguntar y resulta que me entero de varias cosas de la familia.

Mi madre comienza con:

Ah, es que tu bisabuela nos lo preparaba con tortillas fritas como si fuera una especie de nachos muy mexicanos; la receta la hacen las mujeres de la familia desde que la revolución llegó a México, en ese momento se tenía que guisar con lo que tuvieras a la mano, casi siempre esos ingredientes estaban en los jardines  o patios de las casas. Llega a mi cabeza el nombre: Rabo de mestiza, así que le pregunto a mi madre el porqué de ese nombre; mi madre después de soltar una carcajada me responde: Ah, pues es que imagínate darle de comer a los revolucionarios, de la nada llegaban a las casonas y precisamente la de tu bisabuela no fue la excepción, llegaban a comer, a saquear y a gozar, pero la verdad tu abuela fue muy lista, se sentaba a hacer  tortillas y así como los veía llegar, metía a sus hijas solteras debajo de sus faldas y se sentaba, literal, todo el día a hacer tortillas y a preparar el guiso, cuando los revolucionarios buscaban a las niñas tu bisabuela solo decía: No tengo niñas puros varones por qué creen que soy la única aquí echando tortillas. Claro, a veces llamo a las niñas que viven cerca para pedir ayuda, pero no es siempre. Mis hijos tienen muchos tompeates (huevos), pero no por eso se salvaron de aprender a moler, de usar el comal y de echar tortillas; así que como verán, son bien recibidos aquí, pero yo solo doy de comer, los hombres en mi familia dan de beber, pues aquí no andan de revolucionarios y de alcohólicos igual que ustedes… Sí, si tu bisabuela algo tenia era un carácter de la chingada, ella solita podía contra esa bola de hombres; bueno eso decía ella, pero gracias a la virgen nunca les hicieron nada a tus tías abuelas, tenia muchas faldas, pero le sobraban pantalones.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Aure dice:

    Excelente!!!!

    Me gusta

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