El culto a Guadalupe

– Deysi Sánchez H.

Hablar de la virgen de Guadalupe es meternos en camisa de once varas, por eso de tocar las emociones de la mayoría de los mexicanos, hablar de ella va más allá, es ahondar en el centro de los mexicanos, sean creyentes o no.

Ella representa al mexicano desde antes de que México tuviera ese nombre. Bien sabemos que los seres humanos siempre hemos construido deidades dependiendo de nuestras necesidades. Nuestras antiguas culturas siempre adoraron a seres divinos a los que les otorgaban un poder, el poder del tiempos, de los climas, de los milagros, de los pecados y hasta los dioses omnipotentes.

Como todos sabemos México no es la excepción, este territorio antes de ser colonizado también tenía a sus propios dioses con base a sus propias necesidades y creencias, veneraron a Tláloc, a la madre de todos los dioses Coatlicue, y también crearon mitos, esperaron a un ser supremo de nombre Quetzalcóatl, esto hasta que se dio la violenta imposición española, forzando a los nativos de estas tierras a adoptar su cultura y sus creencias.

Pero esto no fue sencillo, tuvo que correr mucha sangre y estuvo a punto de que ocurriera el exterminio definitivo de los nativos, de no ser porque dentro de todos los abusos se comenzaron a mezclar las distintas razas, los españoles comenzaron a procrear hijos con las mujeres de las distintas culturas mesoamericanas y también decidieron conservar a los indios para realizar los trabajos explotadores que antes sólo pertenecían a los negros.

Pero en cuestión religiosa los indios seguían sin aceptar la religión de los españoles, así que casualmente en el año de 1531 hubo un suceso que haría cambiar la mentalidad de los indigenas, de manera casual la madre de Cristo se hizo presente en forma de aparición a un indio de nombre Juan Diego y se plasmó en su ayate como evidencia. ¿Lo curioso? Se le aparece a un indio y le pide que le construya un templo justo sobre el templo de Tonantzin, la diosa madre de los indios.

El nombre de esta virgen no fue María simplemente, sino Guadalupe, ahora bien, existen tres versiones etimológicas de Guadalupe. La primera es la que proviene de la frase árabe que significa wuad al luben, que significa río oculto. La segunda es una combinación del árabe y el latín, wuad (río) y lupus, latín para lobo, lo que da como resultado río de lobos. Y la tercera, y que es la que nos interesa proviene de la raíz náhuatl: coatlaxopeuh, que significa aquel que aplasta la serpiente.

Pero Guadalupe no sólo se presentó como la madre de Dios, sino que también adoptó rasgos físicos para asemejarse a sus nuevos devotos, tenía que ser morena para que los indígenas se sintieran identificados con su figura. Sus deseos se cumplieron, su templo se fundó justo encima del templo de Tonantzin, la actual Villa de Guadalupe. Y de esta misma manera, los españoles y los nuevos cristianos fueron construyendo iglesias sobre centros ceremoniales prehispánicos… fue la conquista, la otra conquista.

Fe Guadalipana
Fe Guadalupana – Deysi Sánchez H.

Desde ese momento, el mexicano se convirtió no al catolicismo, sino al guadalupismo, el mexicano no es católico, sino guadalupano. Y la verdad es que podemos ser creyentes o no de la Sra. de Guadalupe, pero algo que no podemos negar, es que todos los mexicanos hemos sido tocados por ella, y no me refiero de manera milagrosa o divina, sino de forma cultural, el 12 de diciembre es día de fiesta para unos y día de fastidio extremo para otros, lo cierto es que no podemos ir por la calle en esta fecha como en cualquier otro día, pues a tu paso vas encontrando gente con imágenes de su morenita, niños vestidos de inditos y si eres de la parte central del país es imposible no toparse con los peregrinos.

Miles de mexicanos salen de sus casa este día a festejar a una virgen, a su virgen, todos de diferente manera. La muestra de fe más grande de México se puede ver hoy, y aunque es un hecho que la popularidad de esta señora ha ido bajando últimamente, existen muchos que darían su vida por ella; esos que llevan sus muestras de amor a ciertos grados extremos, sin importarles caminar kilómetros, de ir soportando bajas temperaturas y ampollas en los pies, que llegan incluso hincados, muestra de fe, de amor o fanatismo que a veces llega a niveles enfermizos.

Hablar de Guadalupe representa un gran reto, el tema es inmenso, las perspectivas de la misma forma son tan diversas. Es un tema que nunca dejará conforme a todos, es un tema que no tiene medias tintas, o crees o no. En los últimos años las redes sociales se han llenado de debates y peleas con respecto a la Morenita del Tepeyac, mientras unos se burlan y aseguran que sólo se trata de un mito, otros se desviven en frases para adorarla y también se desgastan en defender su existencia entre los que no creen en ella.

Esto es el mexicano, diverso, mestizo… No es de sorprenderse ver en una sola calle a los creyentes con su virgen de Guadalupe con sus veladoras y su oportuno rosario, mientras a lado vive quien no cree en ella y se irrita de tanta algarabía. Sí, posiblemente así sea en todas las calles, incluso la mía.

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