1. El sueño

– Julio Espejel

Esta vez tenía planeada para la entrega, una anécdota que ya tengo bastante masticada para presentarles algo que, tiene que ver con los sueños juveniles y me pareció bastante acorde con las fechas que atravesamos ahora, tan aptas para establecer nuestro futuro inmediato.

Sin embargo, durante la madrugada de ayer justamente, me inquietó un sueño que tuve mientras dormía y que, llamó mucho mi atención y me dejó pensando en algo que quisiera compartirles, antes de que lo olvide.
Resulta que, de pronto me doy cuenta que estoy en una reunión tipo una comida, donde hay mucha gente. Yo muy feliz. Entonces, empiezo a platicar con una mujer que conozco desde niños porque es una amiga de la familia, desde nuestros padres. Cuando la charla inicia, me pregunta cómo me va. Yo le contesto todo emocionado que me va muy bien, le platico de las cosas que hago y mis próximos proyectos. Ella se sorprende y me responde con un aire de sabiduría y empieza a darme consejos tipo:

– ¿Oye y por qué no mejor dejas ese trabajo tan informal y te buscas otra cosa que te dé mayor estabilidad?

A lo que yo, obviamente externé mis motivos y rematé con un:

-¿Tú sí tienes un trabajo muy estable, no? Por eso me lo dices…
Ella afirmó. Seguimos conversando.

Le comenté entonces de un coche que me gusta y pretendo comprar. Lo mismo: que ese modelo no era el mejor, que por qué no me compraba tal otra marca que muy buena, etc. Le hice hincapié en que, si ella tenía el coche que me había recomendado o al menos uno de la mentada marca, tomaría muy en cuenta su sugerencia. Yo sabía que no era así. Le hice ver, sutilmente que ¿cómo podía recomendar algo que no conociera realmente? Cambió la conversación y ahora me preguntó acerca de donde vivo.

Me puse a platicarle, justamente, que estaba buscando un nuevo lugar. Por supuesto ella me hizo la mejor guía de los más tranquilos, mejor comunicados, de mejor precio, lo más moderno y remató recomendando que lo mejor para alguien como yo, lo mejor era un departamento de tales características. Riéndome, le dije:

— ¡O sea que ya te dedicas a los bienes raíces! ¡Te felicito!

Y más risa me dio cuando vi que no entendió mi respuesta y siguió hablando, muy quitada de la pena y me preguntaba más cosas, sin piedad. Para todo tenía una respuesta infalible.

Me di por vencido después de que, me hizo replantear mi trabajo, diseñó el departamento “de mis sueños”, me escogió auto, reorganizó mi negocio, me planificó las vacaciones, me dio consejos de cocina, me abrumó con lecciones de ventas y relaciones interpersonales y si me descuido ¡hasta me termina casando con alguien, la muy sin vida propia!

Lo peor es que, cuando decidí no seguir haciéndole caso, ella buscó al primer solitario que se le puso en el camino que, además, era uno de mis grandes amigos. ¡Pobre!

Desperté muerto de risa, literalmente. Entonces traté de entender un poco la situación que mi cabeza había generado porque, de entrada, los comportamientos de mi antagonista, no se parecen en nada al cómo es en la vida real. ¡Y me cayó tan gorda!

Y entonces vino la reflexión matutina mientras seguía hecho bolita bajo las cobijas. Pasé de la risa a la indignación.

Primero traté de comprender el motivo para haber tenido un sueño tan absurdo que me hizo reír tanto. Lo descubrí y así llegué a la siguiente conclusión: desde hace cierto tiempo y debido a ciertos objetivos personales, me hallo muy al pendiente de la disposición de las personas para recibir una idea diferente a la suya y hasta dónde son capaces de llevar las propias.

No es que sea de mi incumbencia mientras a mí no me resten claridad y entusiasmo; cada quién sus decisiones. Pero en este caso, la figura y la postura de este personaje de mi sueño, sí me incumbía porque, entre tantas ganas de persuadirme de lo que ella creía mejor para mí, aderezado con su postura adulta, exitosa y con todas las respuestas en su mano, me resultó chocante. Y lo que te choca te checa, dicen por ahí…

Me di cuenta que, efectivamente, hay muchas personas que tal vez, sin darse cuenta, se dedican a boicotear o tratar de matar el entusiasmeste o de otro sector (el team de Los Soñadores, pongámosle) de los que buscan realizar grandes objetivos. O no tan grandes pero que, al final, son de cada uno.

En esta ocasión no quiero hacer alusión a ninguna generación en específico aunque sea el tema de mi columna pero, a esos malvibrosos yo los nombraría “X” justo por lo que, a los de la generación X los bautizaron así. Repito: en verdad no es alusión sino que, desde hace mucho a las personas y situaciones intrascendentes, les decimos así: “X”.

Y no es por intrigar pero, ¡la fecha de nacimiento de mi amiga, corresponde! Fuera de generalizaciones o prejuicios al respecto. Juro que mi disertación fue hecha esperando comprobar lo contrario. A final de cuentas, sea por parte de quién sea, no está padre venir a contradecir los sueños de nadie, ¡sólo porque tú no te los crees!

¡Una vez más la fortuna de ser Xennial! ¿Cuál eres tú?

Y como la siguiente colaboración trata sobre lo mismo y está relacionada, nos leemos la siguiente semana.

Aprovechen enero, mes de propósitos. O metas.
O sueños…

¡Digan NO a la contaminación, porfa!

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