Nuestros niños hoy

Julio Espejel (Tw: @JulioEspejel_R)

Primero que nada quiero desearle un feliz día a todos los pequeños y que lo pasen ¡increíble! Porque en realidad no es del todo responsabilidad suya. Ojalá que el tiempo que reciban sea de calidad y los mimen mucho un día completito.
Y dicho lo anterior, ahora también quiero desearle un feliz #DíaDelNiño a todos los demás y les voy a explicar el por qué. Lo siento.
Desde hace varios días (y no precisamente por el día del niño) me ha estado llegando el tema del niño interior. Y no es casual, según yo, porque parte de lo que correspondía astrológicamente hace unas semanas (a mí eso sí me influye), era trabajar con el mismo; así que he andado al pendiente tanto de MI niño interior, como de los niños que veo dondequiera que voy.
Y no es cuestión de planetas (no voy a ahondar en eso ahora) sino tema de salud, diría yo. Lo del niño interior para nuestra salud emocional y lo de los niños que uno ve en todos lados es por salud de la sociedad y del planeta ¡no chinguen!
Lo digo porque, por ejemplo, el otro día iba en el metro y un niño de pronto se puso a llorar a gritos. Al principio pensé que iba a pasar en cuanto le ofrecieran un dulce o algo así, pero me equivoqué. El pequeño o pequeña (porque yo no alcanzaba a ver en dónde estaban) siguió llorando cada vez con más desesperación. ¡Y yo con uno de esos días complicados encima y casi sin haber dormido! Mi tolerancia era muy frágil y ya ven que luego me pongo un poco loco. Respiré profundamente.
El caso es que, el berrinche del niño (que he de decir lo sentí mås que como berrinche, como que algo en verdad lo había puesto muy mal) continuó durante todas las estaciones que duró mi trayecto y entonces, entre mi coraje y mi hartazgo pensé en decirle a la mamá, en plan señora regañona, lo siguiente:
Eso hubieras pensado: que si no ibas a ser capaz de tranquilizar a un niño llorando, ¿para qué lo traes a sufrir e ignorarlo, no?” y bajarme del vagón en modo prefecta de secundaria privada católica.
Y les juro que estuve a punto de hacerlo pero le dieron un twist a mi escena: cuando voy a bajar del metro, la madre se me puso en el camino dispuesta a bajar delante de mi. Y me paró en seco. Al verla. Porque estaba lejos de ser la mujer que, en mi cabeza tendría que haber sido: una de esas adolescentes super maquilladas y entalladas con cabello de algún color platinado (en términos del meme, La Britany) cargando a un pobre niño todo mal vestido, moquiento y despeinado.
Prometo que todo lo que digo no es ni por prejuicioso ni por clasista, sino por lo que implica una dupla así: la falta de educación (y hablo de la de las escuelas en México) y de la necesidad de hacer hincapié en temas de salud sexual y reproducción porque, los más jóvenes, al parecer, no se han enterado de todos los riesgos que hay, lejos de un embarazo; el embarazo no es un riesgo sino “una hermosa bendición que Dios les ha mandado y que seguro les va a traer una tortota bajo el brazo“, juran.
Y ahí tienes a La Britany en mamá luchona, pero también bien fiestera porque anda queriendo encontrarse al Brandon para que vea que sin él va a sacar a su chamaco adelante y que voy a encontrar a uno mejor que tú, ¡culero! piensa, en mujer empoderada, mientras se pone a ligar. Y como ese día le tocó llegar cruda a cuidar a su criatura, pues la desesperó y le metió aquél sangoloteo que lo hizo llorar. Todo eso me imaginé allí en el metro escuchando a la bebé. Esa era mi historia repetida por millones de casos de Britanys y Brandons que son en realidad apenas unos pubertos faltos de la madurez necesaria para engendrar y que, en nuestro país son el pan de todos los días.
Pero no era así y hasta me sentí mal por lo que vi: la madre era una mujer de esas que vienen de la sierra (o eso dicen) y que reparten papelitos para pedir una cooperación y, aparte de una caja con chicles, llevaba a una niña de la mano. Eso ya no es sólo tema de educación y de “La Rosa de Guadalupe“, sino de pobreza y mal uso de recursos. De un sufrimiento mayor de la madre que del niño por no poder abastecer ni sus necesidades básicas, según yo. Y también es tema extenso para discutir. Pero hoy es día del niño. Otro día.
Cuando bajamos del metro me quedé observando y la mujer entonces sentó a la niña y se agachó a consolarla y atenderla con todo cariño y paciencia.
Me di la vuelta enmudecido y seguí mi camino reflexionando un sinfín de cosas (ya que el trabajo era el niño interior): primero que nada pude notar mi poca paciencia y mi forma de reaccionar (porque el haberle dicho algo así a cualquier persona, no habría estado chido) y pensé en mi control sobre la ira porque a pesar de que iba en vivo y con un trayecto de los MUY pesados días de la #SemanaSanta, eso no era su culpa.

Fotografía de Internet

Y ya luego pensé en que a pesar de todo tengo razón: si no tienes la tolerancia para aguantar a un niño durante los próximos 18 años (al menos), ¡pues no te embaraces! No estoy hablando solo de las cuestiones económicas que implican muchísimas responsabilidades que no podrás evadir, sino en la cuestión emocional y de la estabilidad necesaria para mantener y atender a una nueva vida como se merece. Porque él no te pidió venir a éste planeta. Y no lo culpo. En este planeta estamos cada vez peor.
Cada vez hay más niños en el mundo. Y de esos, muchos viven en las calles, a muchos los obligan a trabajar, abusan de ellos, los maltratan, los matan, los venden, o los cortan en trocitos. A otros nada más no los pelan. A algunos de todos esos, les dan una pésima educación y un pésimo ejemplo al ser educados con ideas retrógradas que los transforman en pequeños adultos inflexibles, violentos y amargados desde niños y normalmente son los que hacen bullyng a otros, igual que sus padres. Muchos más están muriendo de hambre o no les dan oportunidad de ir a la escuela. En resumen: es muy común que los derechos de los infantes se vean mermados o aplastados.
En realidad el tema de los niños es muy pero muy extenso. Y normalmente me preocupa. Porque tengo un sobrino, por ejemplo, que es un niño muy feliz y que me recuerda mucho a mi mismo en mi infancia. Y de lo que se trata es de mantener niños así, que generen una nueva sociedad que seguramente se desarrollará de una manera muy diferente a la que a nosotros nos ha tocado. Y está bien. Estamos ávidos de gente feliz, buena, responsable, respetuosa y que ayuden a mejorar éste mundo. Pero bueno el tema era el niño interior y no los malos manejos de los humanos sobre La Tierra: hoy es Día del niño.
Yo no sé cómo le haya ido a cada uno en sus primeros años pero yo recuerdo lo que le he dicho a todo quien me conoce: yo no fui un niño normal, pero mayormente fui muy feliz. Hasta que crecí y me convertí en algo muy diferente. Muy diferente a los adultos normales y a lo que era de niño. Una antítesis de lo común y corriente. Entonces me enfrasqué cómo todos estos días, haciendo una poca de introspección. Hablando con mi niño.
Y luego, de pronto se me apareció el caso de una persona cercana de algún modo, que evidentemente está muy lastimada, como muchos de nosotros y a la cual le escribí diciendo que no entendía qué tanto debió haber pasado para que su niño interior se hallara dando de gritos, como la pequeña del metro. Pero sin gritar ni llorar; en silencio. Como muchos otros adultos que deambulan por allí.
A eso voy. Hoy es la mejor oportunidad que tenemos para analizar y recordar ese que fuimos y preguntarle si lo estamos haciendo bien, tal y como él lo soñó hace muchos años. Y respondernos. Y a partir de esa conversación, poder decidir cómo actuar frente a él, ante nosotros mismos y con respecto a los niños que tenemos al alcance. Porque si debemos tratar a los demás como queremos que nos traten o nos hubiera gustado que nos trataran, entonces creo que tenemos mucho que pensar respecto al asunto de la infancia, que resulta tan medular en nuestro desarrollo y tan urgente a nivel global.
El desearles un feliz Día del niño no se trata de que les regalen dulces y se vistan del Chavo del 8 sino de, a través de nuestro recuerdo de cuando fuimos niños, tengamos la capacidad de empatizar y adentrarnos en el mundo de los pequeños, que está bien padre aunque se nos olvide. Y en base a eso poder generar futuras generaciones más conscientes y humanas y que no padezcan de los males que nos aquejaron a nosotros con nuestros antecesores. El deseo real es que por un momento nos olvidemos de los chocolates, los juguetes y la ida al cine (que de niños nos cae muy bien) para que volteemos a ver hacia nuestro interior y demos un abrazo a quienes fuimos. Un abrazo profundo y sincero porque seguramente ese indefenso ser está arrinconado y sin luz, esperando que le demos un poco de atención. Porque eso necesitamos tanto él como el adulto. Y lo saquemos a pasear no sólo un día al año. Que nos ayude para que cada que veamos a un niño vunerable, hambriento, maltratado, explotado, abusado, llorando, sin zapatos, bulleado, golpeado y cualquier otra situación, que lo contactemos a partir de nuestro propio niño viviente y le demos un poco de comprensión y de dulzura. De niño a niño.
Y una vez hecho esto, que podamos permitirnos entrar en el mundo de nuestros niños cercanos y jugar como entonces. Y ahora sí ir juntos al cine a aventarnos palomitas, reír a carcajadas y corretearnos por un juguete. Porque se lo merecen y nos lo merecemos. Aunque sea por un día. Y disfrutemos de la vida como niños.

Fotografía de Internet

Ahora sí: ¡Feliz Día del Niño para todos!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s