Por: Julio Espejel

En el último paseo que tuve por la Glorieta de los Insurgentes, lugar que siempre me ha parecido es un ombligo muy importante y altamente diverso en nuestra Ciudad, me encontré con que en la explanada, en la cual hasta a El Tri me ha tocado ver, había un grupo de gente presenciando una función de teatro, muy entretenida según noté; así que decidí acercarme un poco y ver de qué se trataba.

Resulta que lo primero que noté fue que era algo de leyendas que, de acuerdo a las fechas de muertos recién terminadas y lo evidentemente “pre-hispánico” que unas coloridas máscaras de ese estilo me dejaron entrever, supe más o menos de qué iba la historia, que ya llevaba rato de haber empezado. Poco a poco me fui acercando cada vez más porque, efectivamente, era una obra entretenida para esa tarde entre semana.

Con una sencilla y clara manera de mostrar a los personajes, con muy pocos elementos pero mucho desenvolvimiento escénico ¡y en plena Glorieta!, lograban expandir los recursos a una gran distancia. Me llamó la atención que la gente estaba muy emocionada tomando fotos y sonriendo ante tal irrupción en el espacio y en su día. ¡Qué hermosa oportunidad! Los espectadores por supuesto no esperan ser detenidos con una obra de teatro, o cosa similar.

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Semana de las Juventudes – Julio Espejel

¡Qué interesante!, pensé esta vez. ¿Qué tanto se podría hacer con un espacio así?

Y continué observando mientras me intrigaba cada vez más descubrir de qué evento se trataba. Hurgaba información en cualquier lugar a la redonda, tratando de no interrumpir el trabajo de los actores que brincaban de un lado a otro mientras se peleaban los 3 únicos micrófonos; de pedestal. Tomé un par de fotos y rodeé hacia el otro extremo buscando una señal. Allí estaba: me encontré con unas pancartas tomadas cada una por uno o dos jóvenes con un chaleco verde, como si fueran a nadar, todos llenos de entusiasmo.

Entre que miraba el final del espectáculo y que preferí tomar fotos a la información del evento, que ellos tenían en sus carteles, me fui acercando. Foto. Y al otro: Foto. Siguiente:¡Foto! Ellos muy entusiastas atrayendo a otros jóvenes al evento. ¡Foto!

Pero para cuando la obra de teatro terminó, la historia modificó de cierta manera: un hombre de unos 30 años quien, evidentemente vivía en situación de calle, se paró en medio escenario y se puso a bailar como un profesional, hasta donde la mona lo dejaba. Por supuesto que causó conmoción y no puede evitar el tomar un video (muy improvisado, por cierto) y comenzó mi análisis.

Regresé donde las pancartas y pregunté de qué se trataba todo eso a uno de los colaboradores más entusiastas. Me respondió que era “LA SEMANA DE LAS JUVENTUDES EN CDMX”.

¡Órale, qué loco! pensé. Y pregunté la finalidad de dichas manifestaciones: “colocadas en espacios poco frecuentados por grupos artísticos y al alcance de todo aquél que estuviera alrededor, principalmente los grupos de jóvenes más vulnerables para atender a sus carencias de oferta cultural y espacios de expresión”, según las propias palabras de el del chaleco.

¡Órale! Volví a pensar.

Según yo, este proyecto que busca repetirse cada año, a pesar de ser una excelente iniciativa, no estaba cubriendo la necesidad que busca satisfacer y eso lo reafirmé cuando nuestro bailarín en cuestión se cansó de ser el centro de atención y casi se cae, así que decidió regresar a la mona con su compadre el bolero y seguir tomando su refresco, a la espera de lo siguiente que sucedería en el “escenario”. Y a simple vista ya no hubo más.

Pero como la idea de “los más vulnerables” ya había sido insertada en mi cabeza, me fui acercando ahora a la pareja de relegados sociales que terminó siendo un grupo de tres cuando se acercó otro, que era extranjero y que evidentemente estaba, como los otros dos, viendo qué podía sacar de los transeúntes para poder continuar con su largo día en las calles.

Intentaron sacarme dinero, por cierto, argumentando que yo era extranjero y que ellos podían auxiliarme en la peligrosa Ciudad de México. Con un par de “a huevo”, un “te vas tendido” y algunas otras palabras muy de los capitalinos, carnales del mero barrio, para evitar algún atraco, le pinté raya y terminamos platicando muy amenamente de la policía.

Como quiera me zafé y observé, ya de lejos, a la estrella de esa tarde en “LA SEMANA DE LAS JUVENTUDES”; de cómo lo ignoraban después del primer baile, por más que él gritaba desesperadamente por un poco de atención. Quizá por un poco de compasión. Luego vi cómo transeúntes y usuarios del metro de pronto se volvían a sumergir en la cotidianeidad y sus problemas, olvidando los 15 minutos de show. Y de cómo a poco el hombre de naranja se fue sumergiendo a su vez en su mona y en sus problemas, olvidando los 5 minutos de fama y extinguiéndose en un rincón de la Glorieta de los Insurgentes, ombligo tan importante y diverso de nuestra ciudad.

¿Es real?

Repito: La necesidad del espacio no fue cubierta por el evento como fue concebida inicialmente, según yo. A pesar de que por “JUVENTUDES” supongo que se refieren, principalmente a  los que apenas están definiendo qué sucederá en su futuro, preparatorianos, universitarios y otros “estudi-hambres” o hasta los “ninis”, el sector de los jóvenes que trabajan por necesidad, etcétera; pero y ¿qué pasó con la necesidad de los “más vulnerables y desprotegidos que no tienen acceso a la cultura y a los espacios”? (SIC).

Evidentemente nuestro Joker región 4 tenía un determinado talento y muchas ganas de expresarlo. ¡Claro! ¡No era ninguno de El Gran Silencio o de algún grupo de teatro que pudiera presentarse! ¿Y sus ganas? ¿Y su caso? ¿Y su beca? ¿Y su reinserción a la sociedad gracias a un evento cultural, dónde quedó?

Mucho entusiasmo de los colaboradores de las pancartas dando la información para que todo llegáramos a los muchos eventos gratuitos que se hicieron por distintas alcaldías en lugares públicos muy populares. Muy bien. Pero realmente, ¿dónde estaban los verdaderos organizadores? ¿Dónde quedaron los que pusieron a funcionar y dieron marcha a la iniciativa? ¿Detrás de un escritorio? ¿O tomando fotos de lo que sucedía acerca de la presentación, sólo para reportarlo?

Considérenme un Grinch pero espero que todos aquellos que asistieron a alguno de los magnos eventos generados, lo hayan disfrutado mucho, hayan llevado su agua y sus papas para poder ver a su artista de forma gratuita y disfrutar, efectivamente, de una presentación única hecha para ellos, los jóvenes que forjan el futuro no sólo de la Ciudad sino del país. Que les haya modificado la vida. Por mi parte decidí no volver a interesarme en dar seguimiento a dichas actividades, por lo menos hasta la siguiente edición (si es que la hay) y mejor decidí compartirles este último episodio de mi paso por ese común y transitado lugar que, siempre me ha de sacar de la cotidianidad.

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